Dejando pasar las cosas que hacen mal

Mario Darío López. El exquisito poeta y ajedrecista cruceño cumple 90 años este miércoles 29 de octubre y sigue cultivando sus dos grandes pasiones. Un homenaje a este preclaro hombre.
EULALIO GRIMALDES J.
EGRIMALDES@ELDEBER.COM.BO
“Todo está en la mente humana, hay que pasar por alto las cosas pequeñas, que nos pueden hacer mal; vivir sencillamente sin ofender a nadie y sin enojarnos en la cotidianidad de la vida”, esa es la filosofía de vida que ostenta Mario Darío López Justiniano, un hombre nacido en la cuna de la cruceñidad y que ha dedicado su vida a sus dos grandes pasiones, la poesía y el ajedrez, ambos temas que aún le apasionan y forman parte de su vida diaria.

Jovial, locuaz y con una sonrisa que a cada rato se vuelve carcajada, don Mario Darío nos recibe en el solariego Club Social 24 de Septiembre que lo ha acogido durante 50 años y al que lo visita dos o tres veces por semana.

“Vengo a juntarme con los amigos de siempre para conversar, hablar para el prójimo y jugar unas partidas de ajedrez para no perder la costumbre”, nos asegura el poeta mientras saca del bolsillo de su camisa una libreta de apuntes. “Aquí tengo escritos unos sonetos y pensamientos que se me ocurrieron anoche, cuando concertamos este encuentro”, asegura, mientras hojea ‘ávidamente’ la cartilla entre sus manos y nos empieza a leer en voz alta sus creaciones sobre el amor, la familia y también sobre la democracia. “A la democracia le falta más prudencia para ser madura, porque no elige al más sabio si no al que tiene más votos”, asegura.

De su tierra y de su gente
Don Mario Darío desgrana recuerdos y vicisitudes que tuvo que pasar en su infancia, en su juventud, y también en la actualidad. “Ya nos empieza a fallar la vista y tenemos otros achaques, pero nunca hay que rendirse, hace más de 50 años que no voy al médico, me alimento de una manera natural, nada de Coca Cola u otras sodas, para eso están los jugos de naranja, toronja o lima”, señala mientras degusta un cupesí que encontró bajo los frondosos árboles que se erigen en la plaza principal. “No hay nada mejor que el cupesí en esta época, siempre vengo aquí a la plaza a recogerlos, son muy buenos”, indica. “Lo que no tiene remedio, hay que olvidar; para qué vamos a tener presente algo que nos hace mal y nos puede perjudicar en nuestra salud, son verdades de Perogrullo”, insiste don Mario, que tiene publicado el libro Ecos sonoros (2006) que contiene 138 poemas y escritos muchos más, como para hacer otros tres, asegura. También sus creaciones han visto la luz en diarios, revistas y antologías.

Ocurrente como siempre, el poeta nos habla de su amistad con Eulalio Moreno, el fallecido pero siempre recordado ‘Camba Pechí’, compañero de andanzas, y ahí nomás nos lanza otro de sus pensamientos. “No hay carnaval que dure 100 años, ni máscara que lo aguante”.
Es autor de poemas y sonetos para personalidades, instituciones y pueblos, sin ninguna discriminación. Como no podía ser de otra manera creó el himno a su tierra, San José de Chiquitos, un soneto para Roboré, para el Club Social 24 de Septiembre, así como también para el campesino.

Las personalidades no pasan desapercibidas para su letra con poemas dedicados al Cristo Redentor, a la embajadora de la canción boliviana Gladys Moreno, a los heroicos soldados del Chaco y al piloto del avión Juan del Valle, su amigo de juventud.

Los amigos
Como el humor lo tiene a flor de piel, don Mario utiliza muy frecuentemente el término de ‘perro’ para identificar a sus contrincantes y amigos, especialmente en el ajedrez.

“Yo voy a jugar y le digo a Pantaleón, que es el que alquila los tableros, no hay un perro para jugar y observa a su alrededor y me dice ahí hay dos. Y les agrada a ellos; también en el colectivo cuando encuentro a un muchacho le digo: oí che, vos sos perro y casi siempre me dicen que no. No tiene ningún significado ofensivo, solo es humorístico “, finaliza

Fuente.

Comentarios

Deja un comentario

Social Widgets powered by AB-WebLog.com.